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La pes­ca no de­por­ti­va

La pes­ca no de­por­ti­va

La pes­ca no de­por­ti­va

Siguiendo con esta serie de artículos que llaman a la reflexión sobre nuestra actividad es que difundimos este interesante texto escrito por Efraín Castro (también conocido como Tornillo o Pez Ácido).
Si bien refiere a la pesca con mosca nos parece que su opinión acerca del desarrollo de esta actividad resultan de sumo interés. Para leer y seguir pensado.
Que lo disfruten.

 (Prefacio del libro…

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El dorado macho no llega a grandes tamaños.

El dorado macho no llega a grandes tamaños.

Los dorados machos no exceden en general los 10 kg. de peso. Las hembras en cambio pueden superar ampliamente los 20 kilos.
Siguiendo entonces la lógica del post anterior, donde explicamos que los peces mas grandes son los que mejores genes presentan, y por ello hay que evitar sacrificarlos, así no disminuímos las posibilidades de mantener poblaciones con ejemplares grandes.

Es importante saber…

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No hay que matar al pez más grande?

No hay que matar al pez más grande?

Si pescás y decidís matar un pez para comerlo, la creencia popular indica que hay que matar al más grande con la excusa de que “es el más viejo”…
Pero… ¡ES FALSO, NO ES ASÍ!

Creer que el pez más grande es ése al cual es más indicado matar es un error muy común.
Contrariamente a lo que se piensa, el pez de mayor talla es, en general, el que está mejor desarrollado en términos genéticos y ese buen…

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De un tiempo a esta parte empecé a darme cuenta que ya no pensaba de la misma manera.
Evidentemente la madurez hace que uno pueda hacer más conscientes casi todos sus actos y así aquéllos que eran solamente un impulso empiezan a verse más vinculados a la razón.
Recuerdo mi primer gran pesca. Tendría menos de diez años cuando armado de un mojarrero cometí mi primer masacre de mojarritas y dientudos. Fue en algún arroyo de la provincia de Buenos Aires, donde hoy seguramente ya nadie puede pescar nada, salvo un resfrío. El grato recuerdo de esos días, de la diversión, de la alegría, del éxito total, se ve hoy opacado por mi pensamiento consciente. Es que mi evolucionada mente ya no acepta aquella práctica como válida. ¿Qué pasó en medio de todo eso? ¿Qué fue lo que hizo cambiar mi manera de disfrutar de la pesca?
No es fácil entender cómo llegué a este presente cuando todos sabemos que hay gente que elige pescar siempre de la misma manera desde hace muchos años. Es que no sé si la evolución está en la naturaleza de todos los seres humanos. Creo que algunos están preparados para evolucionar, o se les da más naturalmente, mientras que otros son más tradicionalistas y son capaces de pasarse la vida entera haciendo exactamente lo mismo.
La cuestión es que quienes evolucionamos sentimos la necesidad de transmitir de alguna manera al resto de los humanos esa evolución. Porque si no la transmitimos a los demás no tendría sentido. Aquellos primates que empezaron a caminar erguidos, aunque la mayoría aún lo hiciera en cuatro patas, seguramente no dejaron de hacerlo pese a parecer “bichos raros”, y de seguro con el tiempo empezaron a ser imitados, hasta que todos caminaron erguidos sobre sus piernas. Así ganaron velocidad, pudieron ver desde más alto y por lo tanto cazar mejor: evidentemente la evolución es positiva.
El tema es que no siempre evolucionar es sinónimo de “poder matar mejor”. Por el contrario, en nuestros días estamos siendo testigos de situaciones que los naturalistas más antiguos definirían como una involución.
Algunas corrientes filosóficas consideraban como natural el incremento del poderío físico y esperaban que los hombres nos convirtiéramos en súper-hombres: más altos, más fuertes, más poderosos. Hoy ese anhelo sólo se traduce en películas de ciencia ficción. La realidad es que los hombres somos cada vez más débiles físicamente.
Pero está visto que la evolución del ser humano no pasa por el poderío físico sino por el intelectual.
El hombre más poderoso no es el más fuerte. El hombre más poderoso es el más inteligente. Y el hombre más inteligente se ha dado cuenta que el planeta en el que habita se está quedando sin recursos. Sin minerales, sin vegetales, sin animales, sin peces, sin agua. Y ese hombre pensante también se ha dado cuenta que si sigue consumiendo indiscriminadamente esos recursos que el planeta le brinda, va a quedarse sin nada. Algún día esos recursos empezarán a agotarse si la actitud del hombre no cambia. Aquí está la clave del tema. Cuando uno mira hacia atrás y comprende que hizo algo mal y es capaz de corregirlo y cambiarlo, está evolucionando. Aunque evolucionar signifique en este caso dar un paso atrás y dejar vivir en lugar de matar.
Evolucioné naturalmente al principio, de manera más consciente después. Pero al fin y al cabo he elegido no matar más peces hace mucho tiempo. Y he decidido también tratar de transmitir mi evolución al resto de los pescadores a los cuales tengo acceso, porque sé que son seres humanos inteligentes, capaces como yo de evolucionar.
La evolución no es un camino que se transita en un ascensor. No pasamos de un estado al superior mágicamente. No dejamos de matar, de torturar, de lastimar de un día para el otro. Es probable que debamos hacerlo de a poco necesariamente. Porque la naturaleza nos impuso algo distinto y no es sencillo cambiar el mandato de la naturaleza. Y también sabemos que la pesca es de alguna forma un vicio, que no puede ser arrancado de raíz.
Mi evolución fue paulatina, escalón por escalón. Pesqué mucho, con carnada. Maté mucho, a veces inútilmente. Un día empecé a pescar con señuelos. Otro día dejé de pescar con carnada. Otro día dejé de matar y decidí devolver casi todo lo que pescaba. Pocos días después descubrí que me producía una alegría mayor ver salir nadando al pez, recuperado luego de la lucha, que verlo muerto a mis pies. Días más tarde elegí pescar sólo algunas especies, las que más me divertían, y dejar en paz al resto. Varios días después decidí cuidar más los peces sacando anzuelos de mis señuelos para lastimar lo menos posible. Algunos días después sigo aprendiendo a manipular mejor y devolver al pez tratando de causarle el menor daño posible. Es probable que algún día decida pescar con mosca.
No obstante, a pesar de que soy consciente de haber evolucionado, no logro sacarme la pesca de la cabeza.
Tal vez algún día abandone el vicio y deje de pescar. Creo que falta mucho, pero estoy más cerca. Y sé que en mi camino el último peldaño de la escalera probablemente sea ése: dejar de pescar.
Tal vez ese día me llegue con la muerte. Pero incluso si es así me siento orgulloso de haber evolucionado, aunque en última instancia no haya podido abandonar el vicio.


Cerramos esta reflexión con una galería de comics del dibujante Dan Piraro, más conocido como Bizarro, donde “casualmente” se habla del hombre, la evolución, la pesca, los peces etc.
No hace falta traducción en la mayoría de los casos, pero se la agregamos por las dudas…

Les dejamos el enlace a la web del autor para que quien guste pueda disfrutar de su excelente trabajo.
Dan Piraro / Bizarro Comics 

Evolución consciente De un tiempo a esta parte empecé a darme cuenta que ya no pensaba de la misma manera.

Pocos saben que yo tuve “otra vida”. Otra vida en la que fuí docente, mucho antes de empezar a escribir sobre pesca. Y esa vida, que desarrollé durante más de diez años, justamente se centró en la enseñanza de los medios digitales que en ese momento eran algo muy nuevo.
Decía entonces que soy diseñador gráfico pero, como me dedico únicamente a medios digitales y fui docente de esa especialidad, tuve la tarea de investigar aquello que hace ya casi veinte años era completamente nuevo: la interfaz, y especialmente la interfaz gráfica.

Poniéndolo en términos simples, la interfaz gráfica es la manera de comunicarnos con un dispositivo o aparato. Cuando el dispositivo es virtual o digital (computadora, videojuego, etc), esa interfaz son los menús o botones que nos permiten operar ese aparato o maquinaria, cualquiera sea, y son una interfaz gráfica justamente porque no son reales sino visuales, o sea: un gráfico o dibujo que se traduce visualmente en un botón o palanca o lo que fuere que opere el software en cuestión.
Me dediqué durante varios años a investigar esas interfaces y su evolución a través de los diferentes dispositivos que fueron apareciendo (computadoras, celulares, tabletas, etc). Y sigo hoy día observando su evolución, que es cada vez más impresionante, pero ya la miro desde afuera, porque ya no me dedico a la docencia.
Aun así, debido a esta experiencia docente sumada a mi experiencia como pescador que data de cuando era niño, creo que puedo hablar en términos serios acerca de la pesca virtual y de las interfaces que se utilizan para ello.

La expresión “pescador de teclado” se ha convertido en un insulto en diferentes foros y círculos de pescadores cuando se quiere significar que alguna persona pesca únicamente de manera virtual es decir que sale poco de pesca, pero habla mucho de ella, en foros y redes sociales, por ejemplo, en lugar de salir a pescar realmente. Pero yo que investigué el tema, le veo un significado diferente a esa frase, un significado quizá más literal. Esa interpretación, me movió a investigar más en serio qué posibilidades nos ofrece lo virtual como alternativa o complemento de la pesca real.
Y allí fue cuando noté que la tecnología había evolucionado en los últimos años al punto de brindarnos una serie de artefactos que nos permiten pescar de manera virtual de una forma, a mi parecer, más o menos aceptable, o por lo menos bastante más cercana a la realidad de lo que era en los estadíos previos.
Ya no estamos en los tiempos en los cuales para jugar con una computadora se usaba únicamente el teclado. Ni siquiera los ya anticuados pero muy populares joysticks son la única opción que existe.
Para que se entienda: a mí me parece aberrante jugar virtualmente al tenis con un joystick y que para golpear la pelota haya que apretar un botón, porque eso no tiene mucho que ver con la realidad.

Pero cuando aparece “algo” que me permite jugar al tenis moviendo el brazo como si tuviera una raqueta en la mano y pegarle a la pelota sin apretar ningún botón, considero que estamos en un lugar aceptablemente bueno dentro de lo que el desarrollo de interfases nos propone.
Y a eso apunta la nota: a que tenemos hoy en día una serie de aparatos e interfaces que nos permiten usar en el mundo virtual los elementos creados a partir de una computadora, con un nivel de realismo que se acerca mucho, pero mucho, a la realidad misma.

La prehistoria de la pesca virtual
Los primeros juegos de pesca se remontan a la aparición y popularización de los sistemas operativos gráficos de computadoras personales (llámese Mac o Windows). A partir de estos sistemas es que aparecen juegos de temática “pesca” medianamente aceptables en cuanto a sus visualizaciones gráficas, y que obviamente van evolucionando y mejorando con la aparición de mejores hardwares de video para el muestreo de los gráficos.
Pero el problema seguía siendo la interfaz, o sea cómo jugábamos e interactuábamos con el juego. Para lanzar presionar “Z”, para recoger “X”, para clavar “C” y para tomar posición o apuntar usar las flechas del teclado… Esta interfaz de teclado no tenía mucho de natural, ni de real. Realmente eran un enretenimiento mas, del montón, despreciable en mi opinión. Tampoco la incorporación del mouse o de un joystick nos acercaron a un movimiento siquiera parecido a los que se realizaban pescando con una caña y un anzuelo en la vida real… Hasta que la tecnología lo hizo posible.

¡La evolución ha llegado señores!
Esta pesca virtual, esa despreciable pesca de teclado, fue francamente olvidable hasta que la empresa Nintendo sacó al mercado su consola Wii, seguida al poco tiempo por Microsoft con su Xbox360 y por Sony con su Playstation 3. Esta generación de consolas aparecida allá por el 2005/6, incorporó un control de movimiento que responde a un sensor (a veces una cámara) que detecta nuestro movimiento y emula en el terreno virtual los movimientos reales del brazo humano.
Nintendo lo llama “Remote”, Microsoft lo llama “Kinect” y Sony lo llama “Move”, pero esencialmente son la misma cosa: un control que nos provee de una interfaz (por primera vez aceptable) para que el movimiento de nuestros brazos y manos sea detectado por el hardware con mayor o menor precisión, traduciendo ese movimiento en acciones que se desarrollan en el campo virtual.
Así es que hoy podemos jugar al tenis o al ping pong moviendo nuestro brazo de una manera similar a la que lo hacemos en el tenis real.


La sensibilidad de estos controles está tan bien lograda que se detectan movimientos completos, incluidos detalles no menores en la pesca, como el giro de las muñecas, claramente notable en los juegos de ping-pong.
Esa interfaz “milagrosa” es la que hoy nos permite jugar a pescar de manera virtual de una forma aceptable.
Algunos ejemplos de movimientos que son necesarios para jugar mejor con estos softwares:
- Tenemos movimiento de casteo y de recogida iguales a los reales.
- Es necesario que clavar al pez, dando un cañazo, para no perderlo.
- Si no lo clavo se escapa, lo pierdo… y si lo clavo demasiado fuerte se corta la linea!
- Hay que regular la velocidad de recogida para no cortar.
- Hay vibración en el control cuando tenemos un pique.
- ¡Hay que pasear los paseantes y poppear los poppers! (con los mismos movimientos de muñeca que se hacen en la pesca real)

Insisto, todos los movimientos que acabo de mencionar hay que hacerlos en el terreno virtual. Es decir, imitar lo que hacemos en la pesca real con el control de la consola de juegos.
Antes de esta generación de consolas, todos estos “detalles” (no menores en mi opinión) no eran posibles de realizar en la pesca virtual.
Cuando mi hijo vio que yo pescaba y él no en su Wii, empezó a pedirme que le explicara por qué a mí los peces me picaban y a él no. “¿Qué tengo que hacer?”, me preguntó. Y ahí fue que se produjo el milagro de poder demostrar que para jugar bien a estos juegos, hay que saber pescar en serio. No son juegos para gamers empedernidos, sino para pescadores con falencia de salidas de pesca.

Así que el que no lo sabía ya puede enterarse: existen realidades de pesca virtuales que se asemejan mucho a la pesca real. Estos juegos son un entretenimiento para nada despreciable cuando no hay posibilidad de salir a pescar de verdad.
Además hay que tener en cuenta que la mayoría de los videojuegos está desarrollada en conjunto por empresas de videojuegos y por empresas de pesca, como por ejemplo Rapala, que cuenta con un equipo de desarrollo especial integrado obviamente por pescadores reales. El resultado son juegos que emulan la pesca con una calidad tal que nos permiten, por ejemplo, analizar el movimiento de los señuelos bajo el agua, estudiar la forma en que los movimientos de caña repercute en la natación del señuelo, ver la profundidad de nado y sus variaciones según la velocidad de recogida, y muchos más detalles que en la pesca real no podemos siquiera imaginar.

Puedo decirles, con conocimiento de causa, que hoy día la pesca virtual vale la pena para pasar el rato, para analizar y hasta para aprender algunas cositas… Sin descuidar la pesca real, por supuesto, que es inigualable.
Aclaro que no estoy ignorando que existe también gran cantidad de juegos para celulares y tabletas, pero no es el objetivo de esta nota referirme a ellos, ya que creo que justamente carecen de la interfaz mínima, en mi opinión imprescindible hoy día, para lograr que un pescador real se interese en ellos.

Así que..  Si, el pescador de teclado es un ser despreciable. Pero el de move, kinect o remote… No es tan despreciable.
¡Evolucionen señores! ¡Que viva la tecnología!
Más de uno puede llegar a aprender algo usando alguno de estos jueguitos para niños.

maxresdefaultY ya que estamos, cuando hagan pesca real…
¡Devuelvan los peces!
Si no lo único que nos va a quedar es esto…

¿Pescadores de teclado? Pocos saben que yo tuve “otra vida”. Otra vida en la que fuí docente, mucho antes de empezar a escribir sobre pesca.

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