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Hace unos días me contactó el amigo Gabi desde la vecina orilla, ya que necesitaba un artículo acerca de la pesca de tarariras tornasoles (hoplias lacerdae), y bueno, acá intentaré dar algunas indicaciones al respecto. Demos inicio a esto. Mi nombre es Marcos, pero si me buscan por ese nombre no me encontrarán, así que dirijan sus pasos hacia Durazno, ciudad capital del departamento de Durazno en la República Oriental del Uruguay, pregunten por el “Paragua” y recorran el Yi en sus orillas, ahí me hallarán, pescándolo desde hace unos veinticinco años, siempre a señuelo, siempre con artificiales y, a pesar de probar todos los estilos de pesca con señuelos, me decanté por el spinning por una serie de razones que iré detallando.
En mis comienzos fui recopilando información gracias a la célebre revista Weekend, y empecé a juntarme en un club de pesca con gente que me inició en esta pasión de la pesca “deportiva” (por así decirlo), los señuelos Del y la fabricación artesanal de cucharitas (a partir de las de postre, las cuales pintábamos para darles variedad de colores). Luego seguí recorriendo solo este camino, estudiando la naturaleza, sus ámbitos, lo más similar a un mosquero pero aplicando al spinning lo observado. Espero volcar algo de lo aprendido y si pueden sacar alguna enseñanza estaré orgulloso de ello.
En esta región las canchas o zonas de pesca son amplias, con mucha distancia de lance, hay lugares de 80 metros o más de ancho, yo los pesco a pie, vadeando con el agua a la cintura o al pecho, y por lo general trato de ubicarme en el medio del río y desde allí lanzar a las orillas en los puntos donde asechan las esquivas tornasoles. Es una variedad muy mañosa de tarariras y por eso su pesca es atrapante. Un día se puede tener suerte y sacar ochenta o cien de ellas cuando están rabiosas, pero se vuelve a ese lugar uno o dos días después o varias veces en la temporada y no se consiguen más de cuatro o cinco capturas, hasta hay días en que se camina durante ocho o diez horas para sacar apenas una o dos. En mi percepción es un pez muy inteligente, y eso también lo determina la zona de pesca, porque se trata de aguas limpias, cristalinas, en las que a veces incluso a 40 metros ya podemos distinguir las tornasoles si tenemos el ojo entrenado (la transparencia del agua, la claridad del lecho, la oscuridad del lomo y el porte de las tornasoles sumados a las elevaciones del terreno hacen posibles esas distancias de visualización), y por supuesto, también ellas nos ven a nosotros y huyen, de ahí que el señuelo tiene que adaptarse a lo que ellas quieran según el momento del año y la hora del día, y el pescador debe ser muy sigiloso, al punto de dar un paso sólo cuando el pie se apoya bien si está vadeando o lanzar desde muy lejos de la orilla si recién está accediendo al lugar de pesca. Es decir que estamos ante un rival muy ingenioso que muchas veces seguirá el señuelo hasta nuestros pies y sólo atacará si está seguro de hacerlo. Conseguir que las tornasoles tomen los artificiales es realmente engañar al pez, porque ellas tienen mucho espacio abierto y poca competencia y por lo tanto un margen muy grande para determinar si atacan o no y cuándo y dónde lo hacen.
Pero empecemos por lo primero, la elección del equipo. Opto por el spinning (con una caña de 2,10 metros que puede parecer larga y monofilamento fino) porque me permite lanzar señuelos de 3 a 20 gramos a distancias mínimas de 20 metros y hasta 60 u 80 metros en los lances lejanos con el señuelo apropiado. Al vadear con el agua que puede llegar al pecho, se necesita un equipo que pueda ser manejado con una mano sola, para realizar lances independientemente de la posición del pescador, y que además se banque la paliza de tantas horas de pesca. Por el contrario, un equipo de baitcasting no me resultó cómodo para la pesca que realizo, sumado a que en general conseguía una menor distancia de lance. Pesco entre cien y doscientos días por temporada en jornadas de ocho a catorce horas y he gastado varios equipos en estos años. El que uso actualmente consta de un reel tamaño 1000, una caña de 8-14 libras y 2,10 metros en un tramo, y como línea uso monofilamento de 0,25 milímetros. Este equipo me permite distancia, precisión, la seguridad de que se banca todo y es, fundamentalmente, equilibrado y por eso se siente como una extensión del brazo en todo sentido. El porqué de usar tanza tan fina y que a ustedes les suena a locura es debido a la zona: acá no hay plantas, sólo algún palo sumergido y piedras, es todo un río con ustedes en un extremo y la bestia en el otro, así que se puede afinar la línea al máximo que uno sienta cómodo y disfrutar de la pelea. En mi caso llegué a afinar hasta usar monofilamento de 0,185 milímetros con una caña de acción total, y logré sacar una tornasol de 6,5 kilos; mi récord mayor fue una tornasol de 8,5 kilos con monofilamento de 0.205 milímetros, luego de un largo rato de pelea.

Mis observaciones siempre se basan en estudiar lo que hace todo el mundo y tratar de hacer lo que nadie hace, buscarlas donde nadie ha ido, usar técnicas nuevas y pensar siempre de distintas maneras. La cuestión del equipo y la tanza también se relaciona con esta teoría. Ahora que el equipo ya está balanceado, que tengo cien metros de línea y logro buenas distancias, necesito que el señuelo se clave en esa boca tan dura de las tornasoles, por eso es que utilizo triples pequeños, de garganta redonda, muy pero muy afilados, tanto que se claven al mínimo roce, ya que otra característica de las tornasoles es escupir el señuelo ni bien se sienten pinchadas. Clavado el anzuelo en cualquier parte blanda de la boca, la carne no se corta ni se desprende el anzuelo justamente por el equipo liviano, la regulación del freno del reel para que ceda y la elasticidad de la tanza. El multifilamento es más clavador y se siente mejor, pero no cede, y entonces un anzuelo clavado que se mantiene siempre tirante en cada cabezazo agranda la herida y termina saliéndose (o “raja la jeta”, como decimos por acá). En cambio un equipo liviano y bien regulado, que actúe como un elástico, ayuda mucho en la pelea porque absorbe no sólo el cabezazo, sino gran parte de la energía bruta en su conjunto, con lo que nos facilita mantener la tensión de la línea y la atención en los cambios durante la lucha.
Bueno creo que hasta aquí más o menos aclaré el equipo y el porqué de cada cosa, pasemos ahora al trabajo del artificial. Como dije antes, me gusta trabajar los señuelos desde la orilla hacia el medio del río, esto resulta conveniente por dos motivos: por un lado, los peces forrajeros buscan refugio en las orillas y, cuando son atacados, huyen en paralelo a la costa o hacia el medio del curso de agua (ningún pez huye hacia la orilla, por supuesto); por otro lado, hay que considerar que cualquier corriente de agua va de lo llano de la orilla a lo hondo del medio, así que si lanzamos de esa manera lo que logramos es que el señuelo vaya copiando el fondo en su recorrido. Otra acotación que no hice, es que acá difícilmente las tornasoles tomen en superficie, por lo común es a media agua o en profundidad. En particular uso mayormente señuelos paletones, con los cuales regular la velocidad de tracción permite variar la profundidad que alcanzan y así poder trabajar raspando el fondo; además, al tener paletas largas por lo general en los enganches lo que tranca es la paleta, así que si se trata de un señuelo flotante alcanzará con liberar la tanza para que salga solo.
Pasemos al tamaño de los artificiales. El viejo refrán dice: “Pescado grande, señuelo grande”, y casi siempre esto es así. Pero como dije antes, yo busco el pensamiento lateral y tengo otra teoría para las tornasoles. A todos nos gusta el asado, comemos un kilo de asado de un tirón, pero sólo una vez al día y basta, a lo sumo dos días seguidos, pero al tercer día ya no querremos más asado, o sea: luego de un asado bien suculento, si nos ofrecen otro no vamos a aceptar, pero si en cambio nos ofrecen un bocadillo, pónganle un postrecito o algo por el estilo, entonces es probable que nos tentemos, y con una tornasol pasará lo mismo: quizás a la noche se comió un bagre de a kilo, así que está haciendo la digestión perezosamente al sol, y si le tiramos un señuelo grande lo mirará pasar; por el contrario, si ponemos un señuelo de 5 centímetros y se lo pasamos cerca como ofreciéndole un bocadito, un pequeño pez herido, con movimiento erráticos, casi moribundo, entonces la tentación será irresistible, y a eso súmenle un plus: el señuelo pequeño no sólo tienta a las grandes sino también a las chicas. O sea: usen un señuelo grande y sacarán tornasoles grandes, quizás con suerte una cada dos días, mientras que si usan un señuelo chico sacarán chicas y grandes todos los días. Les aclaro que para nosotros las chicas son de hasta 3 kilos, o sea que usando señuelos pequeños se garantizan un día a pleno disfrute con ejemplares de 1/2 kilo hasta 3, más la posibilidad de tentar alguna de 5 a 8 kilos y con ésa sí llegar al paraíso.
En cuanto a colores y variedades de señuelos, son cuestiones imposibles de resumir, me llevaría un capítulo entero detallarlas, pues dependen del color del agua, la hora del día, la época de la temporada. Por lo general hay un mínimo de unos cuarenta señuelos bien variados para empezar a pensar en tener éxito en una pesca; de esos cuarenta, ya en el lugar de pesca, viendo las condiciones, se eligen unos diez o doce que se van variando a lo largo del día conforme avanza la hora. Les hago una guía básica: colores rojos y blancos, negros, grises, azules, los fire tiger y los realistas que imitan mojarras, dientudos y cabezas amargas; en cuanto a forma, andan muy bien los cranks gorditos, y cuanto más movimiento de colita tengan, mejor; también los articulados, los clásicos de Del: coquets, tucanes, mansos, siempre como parámetro máximo el tamaño de un Coquet flex nº2. Hay que irse a los extremos acá: desde señuelos realistas como el Pep fish de Del al arrancar o terminar la temporada, que es cuando las tornasoles comen para juntar reservas para la reproducción o el letargo invernal, a las imitaciones de cabezas amargas y dientudos cuando las tarariras están en el nido o cuidando su territorio, ya que estas especies les comen los huevos, pasando por los colores más chillones cuando están cluecas y atacan lo que las irrita por acercarse a su nido. Hay muchos efectivos, tomen en cuenta la forma de un globito panzón o un gusanito articulado y a partir de ahí dejen volar su imaginación.

Bueno, hasta acá la pesca, ahora la devolución. Quisiera dar una breve explicación sobre la manera de tomar al pez. No suelo utilizar el bogagrip, lo probé una temporada y no me sentí cómodo ni conforme con su uso. Si observan las fotos, mi manera de tomar las tornasoles es por detrás de la cabeza, trabando los dedos en los opérculos pero sin tocar las agallas, de esta forma logro varias cosas: primero que abran bien la boca y así es más fácil desanzuelarlas; segundo, la estamos tomando de una parte firme, contra la “nuca” del pez por decirlo de algún modo (si han visto una gata o una perra llevando sus cachorros entenderán a lo que me refiero; ya ven las cosas que observo y las meto en la pesca), y una vez que alzamos la captura su peso mismo la mantiene trabada; y tercero, todos sabemos que la yema de nuestros dedos es muy sensible y tiene la piel delicada, les garantizo que si tocan las agallas de una tornasol de 4 o 5 kilos les van a quedar los dedos hechos flecos, ya que tienen unas puntas óseas que lastiman y de verdad; o sea que tomando las tornasoles de esta manera usamos como margen de seguridad el dolor de una parte sensible nuestra, los dedos, porque si nos duele a nosotros es seguro que le está doliendo también al pez debido a que nos estamos metiendo en sus agallas. Y si el eje del asunto es el dolor y el daño que ocasionamos, probablemente así le duela menos a la tararira que usando una pinza de metal que le rompe los dientes, la membrana de la boca o algo más grave, como lamentablemente se ve en tantas fotos. Ahora bien, esta manera de tomarlas tampoco es que funciona de una; primero hay un truquito aplicable a todas las tarariras: cuando ya la tenemos a mano, es decir que la arrimamos y pasa junto a nosotros en el agua, hay que tener cuidado porque en verdad está guardando energía para una explosión repentina, entonces le damos una palmadita en un costado y veremos que sale en una corrida como un misil, la volvemos a arrimar despacio, le damos otra palmadita y ahora la corrida será más corta, a la tercera vez por lo general ya no huye y además es como si se acostumbrara a nuestro tacto, ahí tocamos su cuerpo suavemente con los dedos y la tomamos luego con firmeza pero sin apretar, sin introducir los dedos en las agallas, porque ya sabemos que nos dolerán, y mucho, si lo hacemos. Ahora sí sacar el anzuelo, la foto y al agua. Como dije antes, pesco con el agua al pecho o a la cintura, y por eso cuanto menos peso llevo, mejor; además ando siempre descalzo o de ojotas, con short, remera y sombrero, y esto merece también una explicación: me visto así para andar cómodo en el agua pero también porque uso el cuerpo como medidor de temperatura, es decir que mientras vadeo voy buscando la corriente fresca, la temperatura donde las tornasoles se sienten mejor; por más seco y bajo que esté el río, siempre hay corrientes de agua más fría y ellas están a gusto en un rango de temperatura que aprendí a leer con el cuerpo. Tendría más detalles para agregar, pero la nota se haría muy extensa, espero con esto aclarar el panorama de cómo pesco mis queridas tornasoles, y de paso hacerles evidente que mi enfermedad es crónica y en este caso por suerte incurable.

Por último, quiero resaltar la importancia de la devolución en la situación en que nos encontramos ahora. Es muy lindo hablar de monstruos de 8 kilos, y por suerte he vivido para ver de hasta 12 kilos, pero antes una pesca normal eran ejemplares de 3 a 5 kilos, mientras que ahora en los mismos lugares con mejores equipos, más experiencia y mejores señuelos, lo normal son portes de 1 a 3 kilos. Y eso se debe a la cultura de pescar y matar para presumir. Hay que tener en cuenta que un ejemplar de 5 kilos pasó los 10 años de vida, así que si sacamos y sacamos y sacamos, llega un momento que se corta ese eslabón y la cadena que antes llegaba a los 12 kilos ahora llega a los 5 y encima la seguimos acortando a diario. Disculpen esta última parte amarga, pero me crie en un río pleno de vida y lo estoy viendo morir día a día, temporada tras temporada. Lamentablemente, aquello de que “uno no es profeta en su tierra” acá se aplica, los pescadores matan irreflexivamente, y por eso este artículo es el primero que escribo. No suelo enseñar nada de lo aprendido a nadie ni salir a pescar con gente de mi ciudad, porque los veo constantemente matando. Recién ahora que empecé a conocer gente de fuera de mi país con mis ideales de pesca y devolución, de a poco estoy saliendo de mi ostracismo. Así que si alguien puede ayudarme a difundir la pesca con devolución, será bienvenido por mis tierras y en lo que pueda estaré brindándole mi experiencia para que se lleve la mejor postal de su vida.

Saludos pescadores.

Postfacio (by Kind)
En las dos ocasiones en que fui a buscar las tornasoles la temporada pasada, el Paragua me llevó a recorrer sus pagos y me explicó cómo pescarlas. Pude ver en la práctica todo lo que cuenta en la nota y recibí además un montón de consejos para sacarme de la cabeza el “chip malabaricus” y reemplazarlo por otro “lacerdae”. Así como en Argentina las hoplias malabaricus de las lagunas bonaerenses no se comportan como las litoraleñas o las cordobesas debido a que sus hábitats son bien diferentes, de igual manera las hoplias lacerdae tienen su propio comportamiento adaptado a su medio, que a su vez es distinto de los que mencioné antes. O sea que para pescar las tornasoles lo primero es cambiar de mentalidad, porque se está ante otra especie y en otro medio. Hay que aprender de nuevo a pescar tarariras, porque son otras tarariras de otro lugar. Para que lo vean claro: al regresar del segundo viaje a Durazno, tuve la suerte de pescar en Gualeguaychú una tornasol (sí, aunque es muy raro encontrarlas, también hay en nuestro país en zonas aledañas al Río Uruguay) y al mismo tiempo un amigo pescó una malabaricus; ambos ejemplares eran casi del mismo peso, cerca de los dos kilos, y en la comparación, la tornasol tenía la cabeza mucho más en punta tanto vista de arriba como de costado, por lo que su boca era 1/3 más pequeña, con lo que pueden entender el porqué de usar señuelos aparentemente chicos; además, esa forma de cabeza muestra claramente que la tornasol es más veloz y nadadora que la malabaricus, es más “acuadinámica”, porque lo necesita en su medio de aguas abiertas (la primera que pesqué tomó el señuelo a la salida de una corredera que se formaba entre las piedras de una cascada, un lugar inconcebible para una malabaricus, pero sí admisible para una trucha o un dorado), y es por ello que pelea mucho más y tarda más en rendirse, con lo que se entiende la necesidad de un equipo pensado desde la elasticidad para amortiguar esa pelea en agua despejada (un equipo que en nuestro medio habitual hasta resultaría perjudicial porque perderíamos las taruchas enterradas bajo la vegetación acuática).
Pero el Paragua no sólo consiguió que finalmente entendiera lo que me explicaba y que pescara varias tornasoles, sino que además, con su manera de ser como pescador y como persona, me hizo reflexionar sobre mi forma de pescar y también sobre lo que buscaba en la pesca misma. El Paragua me hizo reconsiderar lo que había aprendido de pesca hasta ese momento para volver a lo esencial. Les cuento una anécdota para que me entiendan. Mientras caminábamos por la orilla pedregosa de un arroyo, el Paragua se detuvo y lanzó a un punto específico. Al toque clavó una tornasol que en la pelea posterior nos demostró que andaría por los cinco kilos. La habrá tenido enganchada no menos quince minutos mientras nos iba explicando cuándo aflojarle, cuándo tirarle; al fin la trajo junto a nosotros y nos explicó su técnica para amansarla y poder tomarla con la mano. Luego de todo eso, cuando ya estaba a punto de levantarla para la foto, la tornasol dio un cabezazo final que la liberó del señuelo y se fue. El Paragua se sonrió y nos dijo: “Qué bueno que me dio tiempo para explicarles todo”. Otro pescador se hubiera enojado, y mucho, al perder una captura excelente por enseñarles a pescar a unos tipos a los que casi no conocía. Pero el Paragua no, porque sabía que el pez ya había dado lo que tenía para dar, e incluso más todavía porque con su pelea había permitido que aprendiéramos los que estábamos allí. Cuando esa tornasol se escapó, lo importante ya había sucedido, y por completo, con plenitud. Lo accesorio y vano, el trofeo de la foto, no era relevante para el Paragua.
Así es Marcos Aranda, un tipo que con calidez y buen humor, sabiduría en su oficio de pescador y generosidad para enseñar, te hace reflexionar sobre qué es lo verdaderamente importante en nuestra actividad, y de ese modo rompe los esquemas y prejuicios y te lleva a pensar distinto. Porque sin dudas que en el trato social entre pescadores es gratificante mostrar una foto como trofeo, pero no deja de ser algo accesorio, lo importante en lo personal, lo que hace que nos guste pescar con señuelos, es todo el proceso previo: integrarse a un ámbito natural, buscar al pez, engañarlo y luego sostener con él una lucha cuyo valor está en sí misma y no en el resultado. No nos olvidemos que lo que nos da un subidón de adrenalina que nos va convirtiendo en adictos, es el pique, no la foto, así que ahí está la clave de lo que en verdad vale la pena, aunque después haya mucho fuego de artificio alrededor. Y para recordarnos precisamente eso, está Marcos pescando tornasoles en el Yi.

Tornasoles made in “Paragua” Hace unos días me contactó el amigo Gabi desde la vecina orilla, ya que necesitaba un artículo acerca de la pesca de tarariras tornasoles (hoplias lacerdae), y bueno, acá intentaré dar algunas indicaciones al respecto.

Una vez finalizado el congreso, más precisamente cuando regresaba en el micro a casa, pensé que podría aportar un granito de arena más si armaba un resumen, a modo de informe del 1er Congreso de Pesca y Turismo realizado en Empedrado, para que los amigos que no pudieron asistir accedieran a una reseña para saber qué temas se tocaron, y así seguir promoviendo este tipo de encuentros en distintos lugares. La difusión que podamos darle a los contenidos de estos eventos será provechosa para todos e incluso colaborará en que se puedan ir mejorando.

La moderación del congreso estuvo a cargo de Miguel Alcaraz, presidente de la Fe.Co.Pe. (Federación Correntina de Pesca), entidad que siempre apoya este tipo de iniciativas. El primero en tomar la palabra fue Ovidio Ecclesia, jefe del dto. Fauna Íctica y Silvestre, de la subdirección de Fauna y Flora de Corrientes, quien ofició en representación de las autoridades provinciales y procedió a leer la declaración de interés provincial del congreso de la arquitecta Inés Pressman, ministra de Turismo de Corrientes. Para inaugurar las disertaciones, Ovidio informó del trabajo que están realizando los técnicos de su área en forma silenciosa, como la elaboración del inventario de humedales de Corrientes y distintas evaluaciones del recurso que se están realizando. Destacó que gracias a esos trabajos se cambió la reglamentación de pesca de la provincia y se establecieron, por ejemplo, medidas máximas para la preservación de los mejores reproductores de ejemplares trofeo. También comentó del trabajo que se está haciendo con la implementación de camillas de conservación para minimizar los daños al extraer los peces y que así su posterior devolución sea exitosa.
Luego tomó la palabra el intendente de empedrado, dr. Oscar Mieres, para dar por inaugurado oficialmente el evento.

La primera exposición, “Conservación del medio ambiente”, estuvo a cargo de Susana del Ángel Revolero, técnica universitaria en Gestión Ambiental, encargada del Departamento de Saneamiento Ambiental y Medio Ambiente del Municipio de Empedrado, quien en una muy buena charla habló de la importancia de la preservación y la conservación de los ambientes, y de que todo emprendimiento turístico hoy en día debe considerar la sustentabilidad del proyecto como pilar fundamental para su desarrollo.

La segunda exposición, “Ecología de grandes peces migratorios de valor deportivo del Río Paraná” estuvo a cargo de Norberto Oldani, biólogo del Conicet. A lo largo de su charla quedó expuesta la problemática de los grandes migradores del río. Norberto explicó de manera sencilla cómo la sobrepesca comienza por deteriorar las poblaciones de grandes peces, que son los que en un primer momento demandan menor esfuerzo de pesca. A medida que pasa el tiempo, la presión de pesca avanza sobre los peces de menor tamaño, que van requiriendo mayor esfuerzo de pesca ya que se requiere mayor cantidad para igualar el peso extraído. En la medida que la situación perdura en el tiempo sin control y ningún tipo de criterio de sustentabilidad, los peces se pierden como recurso económico, ya que su población queda tan deteriorada que por más que el esfuerzo de pesca aumente, la cantidad de capturas y el peso de las mismas cada vez son menores. Otro tema que se trató fue el problema de la presencia de Yaciretá para la reproducción de los grandes migradores, ya que éstos viven y requieren aguas corrientes, y más allá de que la represa les corte el recorrido migratorio, además el embalse es poco propicio para la proliferación de los alevinos. También explicó que para sostener las poblaciones de estos grandes peces migradores se necesita una gran proporción de peces adultos, que sin ellos el sistema no tiene manera de sostenerse. La conjunción de todos estos factores hace que la situación actual sea crítica, porque las políticas de manejo del recurso son muy malas y poco criteriosas.

La tercera exposición fue “Criterios y enfoques para el manejo de las pesquerías deportivas del Paraná”, a cargo de Claudio Baigun, biólogo del Conicet. Comenzó por plantear los ejes conflictivos habituales que se presentan en las pesquerías fluviales del Paraná:

  • Pérdida de llanuras aluviales
  • Desarrollo de obras hidrotécnicas
  • Contaminación
  • Sobrepesca
  • Condiciones socioeconómicas
  • Divergencias de normativas
  • Estructuras de manejo inadecuadas
  • Escasa participación de la sociedad (actores principales)

Si bien fue desarrollando cada una de las problemáticas, voy a detenerme en los puntos salientes solamente. Por ejemplo, el gran problema que resulta ser la construcción de terraplenes en el valle de inundación del río, ya que corta el flujo normal del agua y se pierden lugares fundamentales para el desarrollo de alevinos. Cito como el peor ejemplo de obras construidas sin ningún tipo de criterio ambiental, el puente Rosario-Victoria, un terraplén de 60 km. que corta el humedal en dos sin tener en cuenta que el agua en el sistema no sólo pasaba por los ríos. Con respecto al tema represas, sumó a lo expuesto por Oldani las deficiencias en el sistema de ascensores de peces de Yaciretá, ya que su diseño es absolutamente ineficaz porque los peces de verdadera importancia no los utilizan, y mostró algunas cifras de las especies que sí pasan, siendo el bagre amarillo el pez del que más presencias se registran. Otro tema importante fue el de la divergencia normativa entre provincias y la escasez de controles por falta de personal y recursos. También resaltó que los criterios con los que se establecen las normas son muy disímiles entre provincias, algunas tienen un criterio más ambiental, otras más social y otras más económico, un ejemplo de esta diversidad y disparidad de criterios es el sistema de veda extendida.
Uno de los momentos que me pareció más interesante de la charla de Claudio, fue cuando se refirió a la pesca deportiva como el “actor invisible”. Es invisible porque no hay estadísticas del dinero que genera el turismo relacionado con la pesca deportiva. También destacó que es muy difícil mensurar el verdadero impacto ambiental del actor invisible, por un lado porque los pescadores deportivos son difíciles de seguir y no son muy propensos a brindar información, y tampoco hay quién recolecte esa información. Según Claudio, el daño que provoca la pesca deportiva es muy superior al que cree la mayoría. Es habitual hacer responsable de todos los problemas a la pesca artesanal-comercial, pero la pesca deportiva sin control también es muy dañina; por ejemplo, un impacto ambiental de la pesca deportiva que no se tiene muy en cuenta, es el que se provoca al obtener carnada viva para proveer a los pescadores.
Otro de los puntos que tocó Claudio fue el referido a la forma y los actores que intervienen para determinar las normas relacionadas con la regulación y el control de las pesquerías, dado que las mismas deben tener en cuenta factores económicos, sociales y ambientales. Los futuros pasos a dar para mejorar el manejo de las pesquerías serían:

  • Mejorar los sistemas de gobernanza, con el fin de fortalecer los organismos encargados del manejo de los recursos, para involucrar distintos sectores.
  • Integrar todos los actores involucrados en la actividad pesquera.
  • Avanzar hacia la implementación de un enfoque ecosistémico que permita el manejo de las pesquerías en aras de conservar el ambiente, la biodiversidad, y el bienestar social.

Para el que guste profundizar en el trabajo de Claudio, les dejo el link donde pueden descargar el “Manual para la gestión ambiental de la pesca artesanal y las buenas prácticas pesqueras en la cuenca del Río Paraná”
Descargar documento

La cuarta exposición me correspondió a mí, “La importancia de la pesca con devolución en los ríos y cómo se realiza”. Mi charla consistió en mostrar a los peces como recurso turístico y como recurso natural. Para que la pesca deportiva sea sustentable se impone realizarla con el criterio de efectuar el menor daño posible sobre las poblaciones de peces de interés, ya que éstas son las que atraen a los turistas. Para ello es excluyente devolver correctamente los peces, sobre todo los grandes, que no sólo son los que más atraen a los pescadores, sino que son los mejores reproductores del ecosistema. Di algunas instrucciones y consideraciones a tener en cuenta para poder devolver correctamente los peces, como ser el tiempo de exposición fuera del agua, las formas de manejarlos, de extraerlos, cómo proceder a oxigenarlos, no arrojarlos, etc. Siempre haciendo hincapié que uno de los principales problemas por el que la gente devuelve mal o no devuelve es por desconocimiento. Por suerte los presentes se interesaron y comenzaron una serie de preguntas y respuestas que enriquecieron mucho el tema.

La quinta y última exposición fue “Dinámica poblacional del dorado (Salminus brasiliensis) en el Río Juramento” a cargo de Baltazar Bugeau, y la dra. Fabiana Cancino, titular y directora del Proyecto “Dorado tigre de los ríos”, ambos referentes de la Fundación Miguel Lillo de Tucumán. La presentación fue describiendo las distintas tareas que se realizan para llevar adelante el estudio de los dorados del Río Juramento. Comenzaron exponiendo los resultados preliminares del estudio, mostrando las cantidades de ejemplares marcados y recapturados entre otros datos. Luego explicaron cómo se realizan los marcajes, las tomas de muestras de escamas, cuáles son las medidas que se toman, el peso, cómo se diferencian machos y hembras, los lugares del río donde se realizan los marcajes y cómo se evalúa la maduración sexual de los ejemplares. También explicaron toda la tarea de concientización que se realiza en la zona, tanto en colegios como en charlas con los lugareños, para de esa manera recuperar peces marcados o las marcas. Pueden leer mucha información relacionada con estos estudios en la nota que le hicimos el año pasado (link a la nota).
Para finalizar tomó la palabra José María Dansey, director de Turismo de Empedrado, quien agradeció y dio por finalizado el congreso.

Conclusiones

  • El congreso tuvo una excelente calidad, a nivel expositivo fue impecable. Los contenidos vertidos fueron muy importantes y abarcaron numerosas temáticas orientadas a buscar la sustentabilidad y un correcto manejo del recurso pesca deportiva. Se vieron problemas y se propusieron soluciones.
  • A nivel organizativo estuvo también muy bien, la atención fue maravillosa.
  • Creo que tanto este congreso como el anterior realizado en Paso de la Patria son el principio de algo que con continuidad puede ser muy bueno, ya que se generan ideas, debates y puestas en común muy interesantes para ir generando cada día mayor concientización. Es un trabajo de hormiga, pero es un trabajo cada día más necesario si queremos preservar el río tal cual lo conocemos hoy.
  • Considero que estos congresos deberían ir replicándose y mejorándose en distintas localidades con mayor apoyo por parte del gobierno provincial, se ampliaría así el alcance y se optimizarían los resultados.
  • Y por qué no pensar también en que se realicen en localidades de otras provincias.
  • Seria importantísimo que se incrementaran las tareas de difusión, tanto de la realización de estos congresos como de los contenidos allí vertidos, para despertar mayor interés y que los resultados sean mejores a los obtenidos, ya que justamente lo que se busca es concientizar al mayor número de personas posible.

Agradecimientos
A todos los disertantes, realmente hubo una onda excepcional entre todos y se pudieron debatir ideas y enriquecer el trabajo de todos, con mucho respeto e intercambio de información.
A José María Dansey, Director de Turismo de Empedrado, y a todos sus colaboradores por la organización del congreso.
A Oscar Daniel Mieres, Intendente de Empedrado, por el apoyo a la realización del congreso.
Al Costa Cocos Hotel, donde se realizó el congreso, y al Hotel S.O.M.U., donde nos alojamos, porque son dos emprendimientos de primera línea donde nos trataron de maravilla.
A Carlos Solís, por ser uno de los artífices de todo.
Gracias a todos los que de una o de otra manera colaboraron para hacer el congreso posible.
A todos los periodistas que realizaron la cobertura del evento. Y quiero destacar a mis amigos de Puerto de Pescadores, La Brújula y Extremo Litoral.
Y un gracias muy grande a todos los que asistieron, pusieron muy buena onda y predisposición para escuchar y preguntar con mucho respeto, por lo que se generó un clima muy cordial.
Nos vemos pronto.

1er Congreso de Pesca y Turismo de Empedrado Una vez finalizado el congreso, más precisamente cuando regresaba en el micro a casa, pensé que podría aportar un granito de arena más si armaba un resumen, a modo de informe del 1er Congreso de Pesca y Turismo realizado en Empedrado, para que los amigos que no pudieron asistir accedieran a una reseña para saber qué temas se tocaron, y así seguir promoviendo este tipo de encuentros en distintos lugares.

“Cuando florece el lapacho…es señal de que llega el dorado”, cuenta el refrán litoraleño. Este árbol particular que tiñe de rosa las costas y las ciudades del noreste argentino florece (de allí el color) cuando aparecen los primeros “calores” de agosto y el invierno comienza a dar paso a la primavera. Esta característica de los lapachos coincide con el aumento de actividad de nuestros amados tigres del río. Comienzan a producirse migraciones y se forman cardúmenes que incrementan las posibilidades de pescas exitosas. Es la señal natural que nos da el ambiente de que ya es buen momento para ¡salir a pescar DORADOS!
Este fin de semana, del 23 y 24 de agosto, me tocó estar en Empedrado con motivo del 1º Congreso de Pesca y Conservacionismo (que será motivo de un próximo artículo), y lo primero a lo que le presté atención, cuando bajé del micro, fue a dos lapachos bien florecidos con ese color rosa tan característico, que se veían desde la entrada a la ciudad, y por eso la pregunta surgió al instante: ¿se cumpliría el refrán?
El día domingo, en una salida de camaradería con varios amigos que participaban del congreso, sería la oportunidad no sólo de corroborarlo sino de conocer por primera vez para mí este pesquero.

Tempranito, nuestro amigo y guía de la zona, Moroko, nos pasó a buscar por el hotel donde estábamos alojados Baltasar y Fabiana del proyecto Dorados Tigres del río Juramento y yo. Rápidamente se sumaron José María Dansey, Director de Turismo de Empedrado, y Gonzalo. Mientras los esperábamos, tuvimos el primer síntoma de que se avecinaba una gran jornada. Balta quiso probar “La Bruja”, una extraña cruza de mosca y vinilo, de su creación. Una aberración maléfica, un engendro del mal que al segundo tiro ya tenía ¡un doradillo PRENDIDO! Risas, fotos y al agua.
Salimos al Paraná con rumbo sur a tratar de pescar un rato entre amigos.

De movida aluciné con el impacto visual de las barrancas: son altísimas, con una gran diversidad de colores y formaciones muy raras y curiosas, belleza natural pura.
Navegamos un rato, hasta llegar a la boca de un arroyo, donde nos encontramos con nuestros compañeros Carlos Solís, Sergio y Héctor de Puerto de Pescadores, y con José Luis de Extremo Litoral, con quienes compartiríamos la jornada.
Moroko ubicó rápidamente la embarcación por el medio del arroyo para bajar derivando y, a la voz de aura, volaron los señuelos al agua. Los piques no se hicieron esperar, al cuarto o quinto tiro ya teníamos el primer dorado arriba. A pesar de ver varias arremetidas contra mojarras sobre la costa, los ataques se producían en cualquier parte del cauce con muñecos de media agua y profundidad. La actividad fue intensa y por ráfagas, y por eso me dio la sensación de que se desplazaban en pequeños cardúmenes, buscando una zona donde el agua les fuera confortable, porque mojarras había por todos lados. No soy muy de hablar de pesos, pero para dar una idea, la mayoría de los dorados estaban entre los dos y los cuatro kilos, con algunos ejemplares más grandes intercalados.
La nota del día la dio Fabiana, quien nunca había pescado dorados, pues hasta este domingo sólo los estudiaba. Había traído su caña de mosca, pero las condiciones no estaban dadas para la modalidad, sólo pudimos efectuar algunos tiros sin éxito. Al ver al resto eufórico, nos pidió hacer unos tiritos para probar cómo era esto de ser “señuelero”, y al primer tiro embocó un dorado muy lindo, el primero de su cuenta. Fue un momento muy divertido.
Apenas pasado el mediodía, emprendimos el regreso porque nos estaba esperando un asado para ponerle el broche de oro al fin de semana. Había muchas ganas de seguir pescando, pero no hay que abusar, el río nos regaló una excelente jornada, sin grandes tamaños pero con mucha cantidad.
Al regreso al hotel y con el sol cenital, las barrancas estaban aún más espectaculares, así que aproveché para tomar fotografías.
Quiero destacar lo prístino que aún sigue siendo el lugar, vimos un yacaré, bandadas gigantes de biguás, gaviotas y garzas; jotes, caranchos, martines pescadores grandes y medianos, caracoleros y muchísimas más aves características de nuestros humedales. Aunque no los vimos, nos contaron que es bastante habitual la aparición de carpinchos. Así que para los amantes de los entornos naturales y la tranquilidad, el lugar garpa y mucho.
Todo esto contrasta con las sabidas historias de grandes depredaciones de peces, sobretodo de surubíes, que se ven en la zona. Una verdadera pena, porque realmente el lugar tiene un potencial excepcional. Esperemos que las actuales autoridades municipales sigan en este camino emprendido de trabajar en la concientización de que los peces son EL recurso turístico de Empedrado, y que es absolutamente necesario que estos peces estén vivos y en el agua, no en una ganchera o convertidos en harina de pescado. La ciudad respira pesca por todos lados, con decir que entré a comprar unas pilas a un kiosco y tenían en el mostrador una caja con anzuelos y demás elementos de pesca para vender.
Espero que la idea con la que se realizó el 1º Congreso de Pesca y Conservacionismo tenga continuidad y sea uno de los muchos pasos que emprenda Empedrado para seguir creciendo, tienen una verdadera perla y un potencial grandísimo para crecer muchísimo más. Empedrado, un lugar sin dudas para recomendar y si encima florece el lapacho…

Datos de color
Empedrado debe su nombre a la presencia de antiguas canteras de granito en sus cercanías. Se la conoce como “La Perla del Paraná”, debido a que a principios del siglo pasado se construyó en la zona un complejo hotelero que se conoció con el nombre de Mansión de Invierno, con la intención de convertir la ciudad en lugar de vacaciones invernales para la élite aristocrática de la época. Como los arquitectos fueron los mismos que construyeron los hoteles de Mar del Plata, “La Perla del Atlántico”, Empedrado recibió la denominación de “La Perla del Paraná”.

empedrado_01Agradecimientos
A José María Dansey, Director de Turismo de Empedrado, y a todos sus colaboradores por la organización del congreso.
A Oscar Daniel Mieres, Intendente de Empedrado, por el apoyo a la realización del congreso.
Al Costa Cocos Hotel, donde se realizó el congreso, y al Hotel S.O.M.U., donde nos alojamos, porque son dos emprendimientos de primera línea donde nos trataron de maravilla.
A Moroko Dzyhajlo, el guía de la zona con el que tuvimos el gusto de salir a pescar un rato.
A Carlos Solís, por ser uno de los artífices de todo.
Y un gracias gigante al resto de los compañeros con los que pasamos un fin de semana de excepción, armónico y generador de ideas muy positivas.

Cuando Florece el lapacho… Empedrado “Cuando florece el lapacho…es señal de que llega el dorado”, cuenta el refrán litoraleño. Este árbol particular que tiñe de rosa las costas y las ciudades del noreste argentino florece (de allí el color) cuando aparecen los primeros “calores” de agosto y el invierno comienza a dar paso a la primavera.

La situación actual del surubí es bastante complicada. De un tiempo a esta parte se van prendiendo alarmas desde distintos lugares sobre la gran caída en la población de la especie. Desde Señueleros se nos ocurrió, para entender qué es lo que esta pasando, aportar nuestro granito de arena entrevistando a Norberto Oldani (doctor en biología, investigador del CONICET, especialista en ecología acuática), para que nos cuente un poco el ciclo de vida del surubí y por qué su población se ve tan seriamente afectada por la sobrepesca y las represas.

Hola Norberto, arranquemos hablando del ciclo de vida del surubí. ¿Se reproducen como el resto de los grandes migradores del río?
Guillermo, el surubí pintado, como todos los peces migradores, se reproducen en el cauce de los ríos, en ambientes lóticos, es decir donde hay velocidades de corriente. A veces, cuando se incrementa el nivel hidrométrico durante un tiempo, las lagunas también pueden volverse ambientes con velocidades de corriente y permitir que se reproduzcan en ellas los peces.

¿A partir de qué edad los surubíes comienzan a reproducirse?
Nosotros determinamos que el 100% de los surubíes pintados ya se reprodujeron al menos una vez a los 91 cm de longitud total, es decir a los 7 años. También hay algunos especímenes que se reproducen un poco antes con 83 cm y 6 años.

¿Los grandes surubíes son hembras? Si es así, ¿qué peso alcanzan los machos? ¿Y hay alguna manera fácil de diferenciarlos?
Por regla general, los especímenes más grandes son hembras y no tienen caracteres sexuales secundarios, esto significa que no se puede diferenciar a simple vista los machos de las hembras. (Tabla).

¿Cuál es la expectativa de vida y aproximadamente cuántos kilos aumenta por año?
A partir de un estudio de la edad del surubí pintado, estimamos que en los últimos 50 años tendrían que alcanzar 185 cm. Aunque tenemos registrados los peces más grandes en Itá Ibaté (1999-2004).
Longitud total (cm) Peso (Kg) Sexo
174 55 Hembra
165 28 Macho
160 30 Hembra
171 60 Hembra
171 65 Hembra
166 46 Hembra
161 45 Hembra
160 40 Hembra
160 45 Hembra

¿Es posible estimar la edad de un surubí? ¿Cómo?
Los peces en los primeros años de vida tienen el mayor crecimiento, y a medida que transcurre el tiempo el desarrollo va disminuyendo, se llama crecimiento asintótico. Los pescadores que tienen cierto ojo pueden hacer un ejercicio, que vale para todas las especies, pero con el surubí pintado es más fácil. Sabemos que los peces nacen masivamente entre octubre y noviembre, aunque el período de reproducción se extiende desde de septiembre a febrero. Para determinar la edad de los peces, por convención los forzamos a cumplir años el 1º de enero. Entonces las tallas que vamos a encontrar los 1º de enero corresponden a larvas recién eclosionadas, especímenes de 4 ó 5 cm que pudieron haber nacido en septiembre u octubre pasados, y los peces que cumplen 1, 2, 3, 4 años tendrán tallas de 45,08; 53,78; 61,94; 69,59 cm de longitud total respectivamente. Por supuesto que las tallas pueden variar alrededor de las modas asociadas al bienestar de los períodos de crecimiento. Con estas series se pueden calcular todas las edades. Si bien los muestreos para determinar la edad de los peces se pueden hacer cualquier día del año, para los menos experimentados el mejor día es el 1º de enero.

¿Cuál es la situación actual de la población de surubíes pintados en la cuenca Paraná-platense? ¿Hay riesgo de extinción o de que la especie entre en estado de regresión?
El pintado es la próxima especie que va a desaparecer como recurso económico, pero todavía no se van a extinguir. Están en una clara declinación de la abundancia y existe una pérdida de reproductores. Esto ya pasó con varias especies (manguruyú, pacú, salmón de río) y los organismos de control ni se dieron cuenta.

¿Cuáles son las principales causas de este estado crítico en la situación de la especie?
El pintado sufre el impacto de las represas y la pesca, tanto comercial como deportiva, efectuada sin ningún tipo de criterio de sustentabilidad.

¿Qué medidas deberían tomarse a partir de las reglamentaciones para tratar de paliar esta situación?
Hay que prohibir toda la comercialización para incrementar la abundancia de reproductores. Esto significa eliminarlo de la carta de los restaurantes, de las gancheras de los pescadores, y prohibir que los pescadores deportivos los saquen del agua.

Si la situación actual perdura en el tiempo, ¿qué riesgos se corren?
Por supuesto que los riesgos de extinción se incrementan cuando pasa el tiempo y no se recupera la abundancia de las poblaciones.

Para terminar quisiera pedirle una reflexión final como mensaje para todos los pescadores.
Los pescadores deportivos pueden hacer mucho por la conservación del surubí pintado, primero tienen que replantearse y respetar la actividad deportiva, tienen que darle una oportunidad a los peces (robar los peces, por ejemplo, no tiene nada de deportivo); otra cosa muy importante es que tienen que liberar los peces sin lesiones, todas esas fotografías que se sacan incrementan la mortalidad y esos reproductores no se recuperan más para las poblaciones.

Muchas Gracias Norberto.

Como hemos podido leer, lo que lleva al surubí a esta situación es una combinación de cosas:

1.- Cambio en el ecosistema a partir de la construcción de grandes represas, que no solamente cortan el recorrido migratorio de las poblaciones de surubíes, sino que alteran el régimen de inundación y seca del río, que es fundamental para la reproducción de los peces: río alto para el momento del desove, río bajo para que las crías se desarrollen.
2.- Captura y muerte indiscriminada de grandes reproductores, ya sea en pesca comercial como en deportiva.
3.- Pesca comercial incidental de ejemplares de pequeño porte, por ejemplo: todos los que caen en las redes orientadas a pescar sábalos para exportación.
4.- El tiempo que necesitan para llegar a la madurez sexual: los surubíes tienen que pasar como mínimo 6 años esquivando redes y cañas, que matan todo lo que sacan, para tener su primera oportunidad de reproducirse.
5.- En el ecosistema de la cuenca hay otro cambio del que poco se habla y es la pérdida de calidad del agua. Hay una degradación cada vez mayor producida por la contaminación, la falta de tratamiento de los residuos, tanto cloacales como industriales, de grandes y pequeñas ciudades ubicadas a la vera de los ríos.

07Esta triste pero real situación de uno de los peces emblemáticos del río Paraná es justamente el símbolo de la desidia con que se trata al río. Un pez majestuoso, en un río majestuoso, acorralado entre la espada y la pared por un sistema de explotación cortoplacista, en el que unos pocos avivados lucran con lo que es de todos sin tener en cuenta la sustentabilidad del recurso. El sistema, como en tantas otras situaciones, goza de la complicidad de la falta de educación y la falta absoluta de los controles necesarios. Una de las cosas que más complica, paradójicamente, es la nobleza de la cuenca del Plata, que no nos hace tomar dimensión real de la situación y sigue soportando todo tipo de desmanejos y depredaciones. Es un enfermo que desmejora de a poquito, tan de a poquito que no nos damos cuenta que se está perdiendo al toro del río, uno de los peces que lo identifica. Esperemos que no sea tarde y entre todos demos vuelta esta situación. Recordemos que esta historia ya la vivimos, el manguruyú es el lamentable ejemplo de lo que puede suceder. Cuidar el río no es sólo pescar dentro de los reglamentos, es también preocuparse por estos temas y trabajar cada uno desde su lugar para mejorar, ya sea difundiendo la problemática, concientizando a los amigos, poniéndole el hombro a una ONG o simplemente tratando de no hacer más daño del que ya está hecho por matar tanto pequeños como grandes reproductores por un par de milanesas. No nos quedemos quietos, no seamos mansos, y a pelearla juntos, que es la única esperanza de no sumar a la lista de los perdidos al surubí.

Surubí, triste pero real. Reportaje a Norberto Oldani. La situación actual del surubí es bastante complicada. De un tiempo a esta parte se van prendiendo alarmas desde distintos lugares sobre la gran caída en la población de la especie.

Los sábalos son los peces más abundantes de la cuenca parano-platense.

Tanto el sábalo común (porchilosus lineatus) como otras especies menores de la familia representan más del 50% de la biomasa del río. Para entenderlo fácilmente: por cada 1000 peces en el río, 500 son sábalos. Gracias a ellos la cuenca es una de las que más cantidad de peces tiene por hectárea en el mundo. Apretá el link y enterate porqué es tan importante este pez.

sabias_sabaloLos sábalos son peces…

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Continuando con el espíritu de los primeros “Apuntes de un tarufán obsesivo”, quiero ahora ampliar y corregir algunas cosas que afirmé en esa nota e incorporar otras nuevas que aprendí la temporada pasada, en la que otra vez me dediqué a pescar tarariras como un poseso. Por supuesto, mis observaciones no son de ninguna manera reglas, sino sólo consejos que pueden funcionar o no según la situación de pesca. Algunas de esas observaciones son producto de mi carácter obsesivo, pero la mayoría no son deducciones propias sino hurtos de lo que les vi hacer a otros pescadores más experimentados con los que tuve la suerte y el privilegio de pescar.
Como hice con los apuntes anteriores, voy a organizar éstos por tema.

Sobre mi experiencia la temporada pasada
Analizando en retrospectiva puedo decir que tuve la suerte de conseguir algunas capturas de muy buen porte, tanto de hoplias malabaricus (tarariras comunes) como de lacerdae (tornasoles), así que para mí fue una temporada heavy.


En cambio, si la pienso desde los señuelos que usé, debo reconocer que tuve una temporada soft: en general pesqué con artificiales blandos, en especial ranas antienganche. Al principio utilicé ese tipo de señuelos por las condiciones de los lugares donde pescaba, pero me dieron tan buenos resultados que me fui fanatizando y terminé pescando con softbaits antienganche incluso donde no era necesario hacerlo.

Sobre algunos señuelos y cómo usarlos
Tanto me fanaticé con los artificiales blandos que si hoy me preguntaran por los señuelos imprescindibles para la pesca de tarariras, respondería que los básicos esenciales son solamente dos: una cuchara giratoria número tres y una rana antienganche. No pretendo subestimar los demás señuelos (de hecho en la nota anterior destaqué que contar con variedad de artificiales es muy importante y lo sigo creyendo), sino resaltar que con esos dos, usándolos juntos o por separado, se pueden pescar taruchas en todos los ámbitos, mientras que los demás señuelos no son tan versátiles, funcionan según las condiciones del lugar donde se quiera pescar. En cambio, con la rana sola pescamos en superficie tanto si hay vegetación como si no la hay, con la cuchara sola pescamos en aguas abiertas desde subsuperficie hasta media agua e incluso más abajo, según cuánto tiempo la dejemos profundizar antes de empezar a recoger, y con la cuchara ensamblada a la rana podemos pescar tanto en ámbitos vegetados como en aguas despejadas en todo el rango de profundidad hasta rascar el fondo si es preciso[1. Sobre cómo usar y tunear las ranitas, hay dos notas fantásticas del señor Ramone en este mismo sitio: “Evitando el enganche I y II”. Si ya las leyeron, repásenlas, y si aún no lo hicieron, dejen esta nota y lean ésas, que brindan información mucho más útil y práctica.]. Además, este ensamble de señuelos suele ser muy efectivo en dos sentidos: por un lado recibe muchos ataques porque le encanta a las taruchas, o sea que es efectivo para el pez, y por otro lado disminuye la dificultad de la clavada con la rana antienganche, o sea que es efectivo para el pescador porque, como lo que llama la atención suele ser la acción giratoria de la cuchara a profundidad variable, por lo común la tarucha sigue al artificial y lo ataca desde atrás (a diferencia de las ranas solas que, por trabajar en superficie son acechadas desde abajo y reciben ataques desde todos los ángulos, por lo cual el pescador debe esperar unos segundos antes de cañar para que la tarucha pueda acomodar la rana en su boca). Y no hay que olvidar que también podemos usar la rana con cuchara de otra manera: en vez de recoger de forma constante para que la cuchara gire, podemos dejar que el señuelo profundice y luego darle dos o tres tirones cortos, que desplazan y levantan al artificial, y después hacer una pausa para que la ranita vuelva a bajar, de esa manera la cuchara no gira, sino que aporta brillo y color y sobre todo lastre para acelerar el hundimiento.


Esta técnica usada con la rana con cuchara o con cualquier soft montado en un anzuelo offset lastrado, ya sea porque lo compramos así o porque le ponemos peso nosotros (yo uso un plomito pasante de 7 gramos abierto a lo largo con una sierra y luego cerrado con una pinza sobre la pata del anzuelo), la usé y comenté en la nota anterior, pero durante esta temporada derivó en lo que terminé llamando “la arrastradita” y que me ha permitido pescar incluso cuando las tarariras están bien abajo y reticentes a atacar. La idea es dejar que el señuelo antienganche lastrado baje hasta tocar fondo y recién entonces empezar a recoger lentamente un trayecto breve, para que el artificial revuelva el barro del fondo y genere una niebla en el agua que llama la atención de las taruchas porque parece la huida de algún bicho por el fondo; luego hay que dar dos o tres tirones cortitos para que el señuelo se eleve y salga de esa nube turbia, con lo que queda expuesto a la vista del depredador, y entonces hay que dejarlo bajar suavemente al fondo otra vez. Durante ese descenso es que suele atacar la tararira. Claro que a veces trabajar con los señuelos en el fondo trae sorpresas y se prende algún bigotudo.


Además de “la arrastradita”, otro recurso que puede funcionar cuando están remisas o aletargadas para atacar, es agregar a la rana antienganche un anzuelo simple que va montado con un gusano atrás del cuerpo de la rana, con lo que se consigue alargar el señuelo para que lo tomen las taruchas cuando tienen reacciones más lentas. En otras circunstancias es un recurso excesivo, cuatrero, pero cuando están remolonas y reaccionan tarde puede ser una solución.
Con respecto a la acción de las ranas solas en superficie, durante esta última temporada pude confirmar algo que advertí la anterior: la velocidad con que las movemos es determinante para generar ataques y para que esos ataques sean certeros. Creo que en general muevo las ranas a menor velocidad que la mayoría de los pescadores que me acompañan y muchas veces obtengo más ataques (no más capturas, porque no hay que olvidar mi manquismo incurable), así que me animo a afirmar que por lo común un movimiento corto, no muy veloz y alternado con pausas en las que dejo la rana quieta, es más efectivo que un desplazamiento rápido y regular.


Sobre la clavada con las ranas sigo pensando que es un asunto complejo que se va resolviendo a medida que se incorpora experiencia, pues la decisión de no esperar o cuánto esperar para cañar debe resolverse a partir de procesar la mayor cantidad posible de variables al momento del pique (me refiero a variables como la dirección de origen y la violencia del ataque, el tamaño estimado de la tarucha, la cantidad y el tipo de vegetación de la cancha). O sea que cuantas más cosas seamos capaces de observar y evaluar en un instante, más chances tendremos de ajustarnos a la situación del pique para resolverlo con eficacia. Para mejorar hay que detenerse a reflexionar sobre cada pique errado, sobre cada tararira perdida. La pesca, como cualquier otra actividad a cuya práctica nos lancemos con pasión, nos irá haciendo aprender, y aprender es precisamente pensar más rápido y mejor a partir de cada error. Dicho así parece dificultoso como una ecuación, pero a medida que sumamos experiencia salida tras salida, definir el tiempo para la clavada se va volviendo menos consciente y más automático. Es como con la música: primero hay que leer la partitura para aprender la obra, hay que tomar una decisión consciente para resolver cada nota, pero de a poco, con las repeticiones, la obra se incorpora a la memoria y después las notas salen solas, con lo que el músico empieza a disfrutar e interpretar como él quiere la obra.
Lo que sí puedo agregar a lo dicho en la nota anterior sobre la clavada con ranas, es que me ha resultado muy efectivo cañar de inmediato, sin esperar o esperando apenas un segundo, cuando se trata de tarariras chicas, de menos de un kilo, dado que por el tamaño de sus bocas una rana promedio les entra justo o incluso les queda encajada. Es decir que no tiene sentido esperar, porque la tarucha no puede acomodar la rana en su boca para tragarla; en verdad lo único que puede hacer una tararira chica con la rana, si no le quedó trabada en la boca, es escupirla, así que si esperamos unos segundos para cañar, lo que estamos haciendo es darle el tiempo necesario para librarse de nuestro engaño.


En cuanto al color de las ranas, me parece que no es determinante como sí lo es la forma en la que las accionamos. Sin embargo, es razonable pensar que según la luz y las condiciones del agua hay colores más o menos visibles, así que me atrevo a decir que en general las ranas negras o con cabeza negra reciben más ataques cuando el sol está bien alto y el agua es transparente, porque entonces el negro hace más contraste que otros colores (pensemos en el ángulo de visión desde abajo de las taruchas). En cambio, a última hora del día, cuando las tarariras suelen ponerse rabiosas, conviene usar ranas blancas, pero no para que las vean las taruchas sino nosotros: en la oscuridad creciente el color blanco es el que más se distingue y por lo tanto es el que nos permitirá apreciar mejor las circunstancias del pique.


Una situación en la que los buzzers me han resultado especialmente eficaces es cuando la vegetación orillera es muy densa y al pasar con las ranas por encima los ataques son siempre fallidos; en esa circunstancia desesperante, cuando ya movimos durante un buen rato las tarariras debajo de las plantas sin conseguir ningún pique neto, conviene cambiar de estrategia e insistir con señuelos bien ruidosos y revolvedores como los buzzers para lograr que las taruchas salgan al agua abierta y el pique se detone en los cincuenta centímetros contiguos al borde de la vegetación. Para eso hay que pasar muchas veces con los buzzers, tanto en paralelo a las plantas como en perpendicular, haciendo que el señuelo ingrese en las bahías que forma la vegetación.


Ya lo señalé en la nota anterior pero creo que vale la pena repetirlo porque es fundamental: el señuelo debe ser el explorador que recorra la geografía de la cancha, debe contornear todo hito que se destaque: orillas, islotes de tierra o vegetación, juncos o yuyos, ramas y troncos hundidos, grietas y piedras del fondo (si la transparencia del agua nos permite apreciarlos). Cuando la vegetación acuática forma cabos y bahías en su borde con el agua despejada, las tarariras suelen ubicarse en dos puntos: en el extremo de los cabos del lado contrario al que corre el agua (o sea que las taruchas asechan allí lo que la corriente pueda traerles), y en el extremo opuesto, bien al fondo de la panza de las bahías, donde el agua está más quieta (como si prefirieran esa calma para reposar).
He intentado varias veces pescar de noche en superficie y tuve buenos resultados tanto con tarariras como con doradillos gracias al jitterbug que, como hace mucho ruido, revuelve mucha agua y puede ser traído bien lento, permite que los depredadores lo puedan atacar incluso cuando no lo ven (de hecho tampoco lo vemos nosotros, es una pesca puramente auditiva y táctil, distinta).


Continuando con este tema de los señuelos de superficie y las horas para usarlos, quiero destacar que hay un momento del día, hacia el final de la tarde pero antes del atardecer propiamente dicho, en que por el ángulo en que incide la luz sobre el agua deja de producir esa reverberación (ante la que conviene usar lentes oscuros que atenúen o anulen el reflejo y nos posibiliten incluso pescar a pez visto) que molesta durante casi toda la jornada y, por el contrario, es como si la superficie del agua se iluminara, con lo cual se puede advertir con nitidez tanto el movimiento del señuelo como cualquier alteración del agua, ya sean las ondas del desplazamiento del artificial, ya sea la estela del movimiento de una tarucha. Es la hora indicada para probar la acción de los señuelos de superficie porque vemos hasta el más mínimo detalle de lo que provocan en el agua. También es la hora indicada para experimentar qué hacer cuando vemos la estela que delata que el pez está siguiendo el artificial, si acelerar o enlentecer o directamente frenar el señuelo. Ese momento previo al atardecer es como el laboratorio de los que amamos pescar taruchas en superficie, y encima tiene el premio de que después viene el momento de mayor pique de la jornada.


Precisamente, sobre las ondas que genera un señuelo de superficie hay un detalle que quiero destacar porque su observación, primero accidental y luego voluntaria, me fue útil varias veces. Ni bien cae al agua el señuelo, genera ondas concéntricas y luego, cuando le damos vida, ondas que se expanden principalmente hacia atrás y hacia los costados; la interrupción de esas ondas en superficie puede delatar la presencia en subsuperficie de una tararira o de una rama o de algún otro obstáculo hundido. No es tan notable como la estela que deja un pez al seguir al señuelo, sino algo mucho más sutil, una alteración o un corte en la manera en que las ondas se expanden, que puede ayudarnos a definir mejor a dónde lanzar en los tiros siguientes, ya sea para tentar a la probable tarucha o para esquivar la posibilidad de enganche.

Sobre las canchas y cómo entrarles
Siempre que se habla de pesca al golpe se piensa en dorados, pero me ha sucedido unas cuantas veces que las taruchas tomaran de inmediato el señuelo al golpear el agua, o casi de inmediato cuando apenas había tenido tiempo de empezar a recoger o darle un primer movimiento al artificial. No voy a desarrollar una teoría de pesca al golpe de tarariras porque me falta experimentar mucho para argumentar algo sistemático, pero sí puedo decir que en general ese pique instantáneo se dio en dos escenarios: por un lado, cuando en la orilla opuesta hay vegetación terrestre cuya fronda cae sobre el agua y forma un arco o un túnel que se vuelve un sitio de asecho perfecto para un depredador orillero como es la tarucha, si el señuelo entra justo por el hueco es muy probable que sea atacado; por otro lado, cuando la orilla opuesta es alta y tiene una barranca, o sea que el agua choca contra una pared de tierra, si el señuelo cae junto a la pared o pega contra la barranca y rebota al agua, también suele tener más chances de recibir un ataque que si cae agua adentro. Para aprovechar bien ese pique súbito, hay que ser cuidadoso en el casteo, tanto con la puntería como con la panza de mono o multifilamento: todo el tiempo que se demora en recoger la panza es tiempo perdido para clavar al pez que ya tomó el señuelo. Otro detalle a tener en cuenta es que si al golpear el agua el señuelo no fue atacado, de todas maneras llamó la atención de cualquier depredador que hubiere en el lugar, así que conviene no dejarlo quieto sino darle vida lo antes posible pero sin alejarlo de la orilla, es decir que el primer movimiento que le demos al artificial deberá ser rápido pero corto, para mostrar que es algo animado, y ahí sí hacer una pausa y dejarlo a la deriva unos segundos, dado que en general la tararira no suele ser tan veloz y directa como el dorado para decidirse a atacar lo que cayó al agua. No estoy diciendo con todo esto que hay que salir a golpear barrancas, o más bien barranquitas de arroyos, para pescar tarariras, simplemente señalo que en ocasiones puede resultar y por eso conviene estar atento.


La situación contraria a ese pique inmediato en la orilla opuesta, es el pique a nuestros pies, cuando estamos por sacar el señuelo del agua y recibe un ataque, ya sea porque la tarucha venía siguiendo el artificial y no lo habíamos advertido, o porque estaba apostada junto a nosotros. En general este pique se da después de un rato de casteo en el mismo lugar, probablemente porque el ruido y el movimiento llamaron la atención de la tararira, o porque en alguno de nuestros lanzamientos siguió al señuelo pero no llegó a atacarlo. Lo cierto es que también este pique es difícil de clavar debido a que nos sorprende (a veces hasta nos asusta), y además no hay la distancia suficiente para cañar con comodidad porque el señuelo ya está a centímetros de la puntera. Si por reflejo tratamos de clavar igual, lo más común es que le saquemos el artificial de la boca a la tarucha; en cambio, si dejamos que atropelle el señuelo y se lo lleve, si recién cañamos unos segundos más tarde cuando ya se alejó un poco de nosotros, entonces la secuencia es más probable que termine en captura y foto.


Al ir a una cancha que ya conocía en detalle y encontrarla totalmente alterada por la crecida del curso de agua, me fue muy útil para poder ubicar las taruchas en ese contexto nuevo con mucha más agua, recordar los puntos más playos de la costa en situación normal. Esos puntos se convierten con la crecida en desbordes donde las tarariras acuden como si les gustara tomar sol entre los pastos.


Por lo común el calor activa a las tarariras, pero no si es excesivo. Durante la temporada pasada sucedió que hubo temperaturas extremas, el calor superó ampliamente los cuarenta grados, por lo cual el agua hervía y era como si las taruchas hubieran desaparecido, incluso al atardecer. En esos días sólo conseguí pescar al amanecer y hasta las ocho de la mañana como mucho, para las nueve ya era imposible lograr un pique.
Por último, para esas circunstancias en que nada funciona y estamos a punto de darnos por vencidos, quiero aportar un consejo que me dio Marcos Aranda, un gran pescador uruguayo que me inició en la pesca de las tornasoles: cuando todo lo razonable no resulta, entonces hay que probar lo insólito. Cuando fracasó todo lo que la experiencia y el sentido común nos dicen que hagamos, probar lo diametralmente opuesto puede deparar una sorpresa. Así que agotados los recursos racionales, bien vale intentar lo absurdo: lanzar al lugar indebido, utilizar el señuelo incorrecto, y no sólo porque puede traernos una captura inesperada, sino también, fundamentalmente, porque nos lleva a enfrentarnos con nuestros límites mentales como pescadores: ahí quedan expuestas nuestras ideas preconcebidas, nuestros prejuicios y hasta nuestras vanidades, y de ese aprendizaje seguro que extraemos algo interesante.

Nuevos apuntes de un tarufán obsesivo Continuando con el espíritu de los primeros “Apuntes de un tarufán obsesivo”, quiero ahora ampliar y corregir algunas cosas que afirmé en esa nota e incorporar otras nuevas que aprendí la temporada pasada, en la que otra vez me dediqué a pescar tarariras como un poseso.

La pes­ca no de­por­ti­va

La pes­ca no de­por­ti­va

La pes­ca no de­por­ti­va

Siguiendo con esta serie de artículos que llaman a la reflexión sobre nuestra actividad es que difundimos este interesante texto escrito por Efraín Castro (también conocido como Tornillo o Pez Ácido).
Si bien refiere a la pesca con mosca nos parece que su opinión acerca del desarrollo de esta actividad resultan de sumo interés. Para leer y seguir pensado.
Que lo disfruten.

 (Prefacio del libro…

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El dorado macho no llega a grandes tamaños.

El dorado macho no llega a grandes tamaños.

Los dorados machos no exceden en general los 10 kg. de peso. Las hembras en cambio pueden superar ampliamente los 20 kilos.
Siguiendo entonces la lógica del post anterior, donde explicamos que los peces mas grandes son los que mejores genes presentan, y por ello hay que evitar sacrificarlos, así no disminuímos las posibilidades de mantener poblaciones con ejemplares grandes.

Es importante saber…

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